Que la vida es corta, cual un breve suspiro, es una realidad patente. De ahí la importancia que tiene el que, como criaturas de Dios que somos, caminemos por este mundo buscando llegar sin mancha de maldad alguna a la eternidad, donde nos encontraremos con la misericordia de quien nos ama más que nosotros mismos nos amamos.

Hacer el bien es saludable, pero no lo es tanto si lo hacemos para que nos vean, lo reconozcan y nos estimen o nos alaben.





