
Fiesta de nuestro patrono
Celebramos hoy la comunidad cristiana entera, la cristiandad entera, la solemnidad de uno de los pilares de nuestra fe: la festividad de Santiago Apóstol, discípulo del Señor y patrono de España.
Santiago el Mayor es -uno de los hijos de Zebedeo,
-hermano de Juan Evangelista,
-con Pedro y Juan: preferido del Señor
(cfr. escena del Tabor y escena de Getsemaní).
Cristo es el Maestro.
Y Santiago, discípulo cercano. Del grupo de los Doce, parece que hombre de carácter impetuoso: de sobrenombre le llamaban, “hijo del trueno”.
En el año 44, es decapitado por Herodes Agripa, primero de los apóstoles mártir: nos ha recordado la 1ª lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, que “el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan”.
Una tradición desde el siglo VIII en nuestra tierra, dice que vino a anunciar el evangelio a España.
Evangelizadores
En aquellos primeros años, tras la muerte y resurrección del Señor:
- salieron aquellos apóstoles de su círculo,
- daban testimonio del mensaje de Jesús, no callaban la doctrina.
- Su criterio: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (1ª lec).
- Esta respuesta exasperó a los dirigentes, los Herodes, de aquel tiempo.
- Y aquellos apóstoles, excelentes testigos del evangelio, comenzaron a ser mártires: entrega total, hasta la propia vida, su propia sangre.
En otro momento, alguien con el nombre de Santiago, según la tradición, sembró la semilla del evangelio en nuestra tierra, el evangelio llegaba así hasta el “finis terrae”, hasta el fin de la tierra conocida entonces.
Circunstancias históricas posteriores, el descubrimiento de un nuevo mundo, hicieron que la Buena Noticia del evangelio llegara a tantísimas gentes, a tantísimos pueblos que, gozosamente, profesamos la misma fe.
Una inquietud grande en aquellos evangelizadores: conocieron la Buena Noticia de Jesús, la comunicaron a otros, evangelizaron, entregaron por completo su vida, difundieron la fe…
¿Es esta inquietud la nuestra?
Conocemos la Buena Noticia, ¿evangelizamos?
Hoy nosotros, agradecidos
Hoy recordamos y celebramos con alegría a quien, a quienes nos trajeron la fe: a nuestra tierra, y a nuestra vida personal.
Y hemos de tener una actitud clara de:
- Agradecer la fe, ese gran don de Dios que un día recibimos.
- Vivirla, de forma intensa (ellos dieron su vida, mártires).
- Y vivirla y comunicarla con las formas del evangelio: no con el poder, sino con el servicio. Acabamos de escuchar en el relato del evangelio la petición de la madre de Santiago y Juan a Jesús.
- Suerte en nuestra Málaga estos días con el Encuentro de Laicos de Parroquia: Compartiendo caminos, acompañando esperanza. Más de 1.200 personas reflexionando este asunto para servir mejor.
Petición de una madre… que Jesús clarifica
Acabamos de escuchar, como decía, la petición de una madre, junto con sus dos hijos: busca aquello que ella cree “lo mejor” para sus hijos. Ustedes las madres la comprenderán muy bien, y puede que, alguna vez también hayan pensado así para sus hijos.
Pero observamos que aquella buena mujer no había entendido lo esencial del planteamiento de vida que hacía Jesús, del planteamiento de vida que nos hace a quienes somos sus discípulos:
Ella dice: “Ordena que estos hijos míos (Santiago y Juan) se sienten en tu
reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.”
Jesús dice: “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea el servidor de todos”.
= Ella piensa en el prestigio, en el poder … Jesús vive en el servicio.
Estaban en dos planos. Lo vemos, por desgracia, en tantísimas ocasiones: poder y servicio no suelen ir de la mano… y hasta se oponen, según Jesús.
¿Y nosotros?
Nosotros, todos, también estamos sometidos a la pasión fuerte del poder, de querer estar arriba, de pensar que arriba puedo hacer mejor la misión. Es una tentación que, a quien cae en ella, le lleva a vivir en el halago al de arriba, en pisar al hermano de al lado por subir yo, a traicionar los ideales y la verdad.
- Agradezcamos hoy la fe recibida, que es un regalo.
- Comprometámonos a evangelizar nosotros, a llevar el evangelio a todos los que nos rodean.
- Y pidamos hacer la misión, como Jesús nos propone: sirviendo.
Antonio Aguilera








