
Por fin estamos en la normalidad de la vida, en el tiempo ordinario:
- Pasaron las fiestas, los encuentros… Litúrgicamente concluíamos Navidad el domingo pasado con la fiesta del Bautismo del Señor.
- Y ya en la segunda parte de enero, adentrándonos en el 2026. ¡Cómo corre el tiempo!
- Ahora la vida se serena, se tranquiliza…
En comparación un poco nostálgica, mirando a las labores de los campos:
- Pasaron tiempos de arada, de siembra; se está en abonar los campos…
- Es tiempo de serenar, de dejar crecer… ¡Y crece! … Tiempo ordinario.
Y este tiempo ordinario de la liturgia estamos
- llamados a vivirlo con silencio, con vida oculta, con fidelidad callada…
- Dejando calar a Dios… Devotos de San Ahora, que decía S. Manuel Gon.
- Y con la actitud del salmista, que hemos repetido: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
AQUÍ Y AHORA, LLAMADOS Y ELEGIDOS
Y en ese sencillo y callado calar de Dios, importa mucho
- Sabernos y sentirnos llamados: -Pablo, llamado a ser apóstol (2ª lec).
-Nosotros, el pueblo que Dios llamó.
- Sabernos y sentirnos colaboradores del Señor.
- Sabernos y sentirnos instrumentos suyos en la salvación:
Jesús llamaba: Sígueme; y los discípulos lo dejaron todo y lo siguieron.
Y en ese dejarnos calar por Dios, miremos a la Palabra que Él nos dirige hoy y ahondamos en ella:
1ª lectura (Is 49,3-6): Un llamado, el Siervo, el Siervo de Yahvé.
Elegido especialmente por Dios:
- Dice el profeta Isaías: –Tú eres “mi” siervo, estoy orgulloso de ti.
- Pensado desde siempre: –Desde el vientre de mi madre me formó.
- Con una misión: –Te hago luz de las naciones para que mi
salvación alcance hasta el confín de la tierra.
= a todos los pueblos…, a todas las gentes…
Es decir, con una misión: -misión de Dios, misión encargada por Dios,
-para Israel y para todos los pueblos.
El llamado con esa misión era: -Aquel Siervo del que hablaba Isaías.
-Jesucristo mismo, luego.
-Hoy, cada uno de nosotros, tú y yo.
¡Gran alegría ha de producirnos esto!
¡Y qué responsabilidad! ¡Gran responsabilidad tenemos!
2ª lectura (1 Cor 1,1-3): Pablo, elegido por voluntad de Dios.
- Elegido, dice Pablo, no por mi decisión, sino llamado por voluntad de Dios.
- Apóstol suyo para comunicar la gracia y llevar la paz de parte de Dios. Así concluye el párrafo inicial de la carta 1ª a los corintios, que hemos escuchado: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo sean con vosotros.
Pablo, llamado así. Nosotros también: pueblo santo que Jesucristo llamó.
Evangelio (Jn 1,29-34): Siervos y llamados con un talante muy especial,
con el talante de Juan Bautista.
- Atento a ver a Jesús que venía… que viene… que está viniendo…
- Proclamándolo Juan Bautista, y hoy nosotros, como
el que quita el pecado del mundo, el Señor, el único Señor.
- Desapareciendo Juan Bautista, y hoy nosotros:
Está por delante de mí. Yo, sólo indicador, dedo que lo señala…
que indica hacia Él…
- Con experiencia progresiva: yo no lo conocía… lo he visto… lo he
contemplado… y he dado testimonio de que es el Hijo de Dios.
Así es el proceso de fe.
De esta forma, la Palabra de Dios hoy nos habla de tres llamados:
el Siervo, Pablo y Juan Bautista.
Tres elegidos, tres llamados, y tres verdaderos colaboradores.
NOSOTROS, TAMBIÉN ELEGIDOS, LLAMADOS Y ENVIADOS
También nosotros, cada cual, hemos sido convocados por Dios.
Esto conlleva: gozo, responsabilidad y asumir la misión que el Señor nos encomienda.
- Hemos visto…
- Hemos experimentado (Palabra, oración, sacramentos, caridad) …
- Hemos de ser instrumentos del Señor: en la familia, en los ambientes, en la parroquia…
Por tanto, ante todo el que Dios pone en mi camino, nosotros como el salmista:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. / Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en mis entrañas (Sal 39).
Y toda mujer que encuentro, es mi hermana. Y todo hombre que encuentro, es mi hermano. ¿Cómo lo trataría Jesús, el Maestro? Así he de tratarlo yo.
Antonio Aguilera









