Cada instante, no solo cada día, hemos de vivirlo como si fuera lo último que se nos concede. Del pasado, solamente podemos pedir perdón por lo que pudimos hacer y no hicimos o por los errores que cometimos con nuestras meteduras de pata. El mañana no existe, por lo tanto, prescindamos de él y limitémonos a vivir cristianamente cada segundo, conscientes de que en cada tic tac nos jugamos nuestro futuro.

Los amigos de verdad, no los interesados por cualquier motivo, ayudan siempre en los momentos más difíciles, logrando que éstos resulten más llevaderos. Pero tener





