Muchas y grandes son las obras que Dios hace para nuestro bien. La más grande: la inmolación voluntaria de su Hijo para liberarnos de la esclavitud y hacernos herederos suyos. Reconocerlo es nuestra obligación como creyentes. Pregonarlo entre quienes nos rodean es una forma de manifestarle nuestra gratitud.

Foto: R. Misas «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» XII T. ORDINARIO (Mateo 10, 26-33) A lo largo de los siglos, miles





