Quienes triunfan ante Dios no son los más guapos. Ni los más ricos. Ni los más sabios. Los que están más cerca de Él son los que saben reconocer sus limitaciones. Los que no se enorgullecen de sus talentos, sino que los ponen al servicio de las demás. Porque no son propiedad suya, sino que les han sido cedidos gratuitamente.

La santidad está reñida con la tristeza. Por eso, en las vidas de los santos siempre encontramos que vivían con gozo sus esfuerzos, sufrimientos y





