En las relaciones humanas el respeto al otro es clave para conseguir el respeto mutuo. Pero más que ese respeto a los demás debe ser tenido en cuenta el respeto que cada uno se tiene a sí mismo. Es necesario que seamos coherentes y actuemos conforme decimos creer, pues de esta forma los otros comprenderán que somos consecuentes con nuestra fe y, por tanto, no jugamos al engaño, sino que somos gente de fiar. Es la mejor manera de ser respetados.

La humildad no es algo que se viva de palabra, sino que requiere que se practique con las obras. Para un cristiano, ser humilde consiste





