Jesús nos dejó a su madre por madre nuestra. Está siempre dispuesta a escucharnos para ayudarnos en nuestras necesidades. Acerquémonos a ella sin miedo. Como hijos confiados en su amor. Aunque seamos, a veces, rebeldes. Recurramos a ella con frecuencia. Es quien mejor nos puede guiar para caminar como buenas personas por la vida. Su presencia dentro de nuestros corazones nos ilumina en los momentos en los que estamos más abatidos o desorientados. Que nos acompañe siempre. No nos alejemos nunca de su protección.

Sin caridad, estamos lejos de lo que Jesús nos pidió que hiciéramos. Cada uno de los cristianos tibios tenemos nuestra parte de responsabilidad en que





![El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod](https://live.staticflickr.com/65535/40879856353_76b94e98d4_o.png)