Desde la humildad y el sometimiento total a la voluntad de Dios, María nos marca el camino que hemos de seguir, si realmente deseamos contribuir a que esta sociedad nuestra sea mejor. Ella llenará nuestras esperanzas, si la hacemos partícipe tanto de nuestras desventuras como de nuestras ilusiones. Alegrémonos por haber sido llamados a ser hijos de la Señora que nunca abandona a quienes acuden a ella.

«Todos estamos invitados» XXVIII T. ORDINARIO (Mt 22, 1-14) Muchas personas, cuando reciben una invitación para asistir a una boda, se lo piensan. Que si





