
«Llamó a sus doce discípulos y los envió»
XI T. ORDINARIO
(Mateo 9, 36 — 10, 8)
Dicen las estadísticas que los jóvenes están regresando a Dios
y que aumenta, año tras año, el número de adultos que se bautizan.
Determinados fenómenos sociales contribuyen a poner en candelero
los temas religiosos que parecían relegados de la vida pública.
Hay quien se engancha porque encuentra atractivo el mensaje
o porque la novedad se impone en ocasiones.
Pero cada vez hay menos obreros para recoger la mies
y se corre el peligro de que se pierda
o pierda calidad el grano recogido.
Como ovejas que no saben dónde ir, Señor,
estaban las gentes que te seguían.
Te apiadaste de ellas
porque no querías que se descarriaran
sino que buscabas que estuvieran atendidas.
Y lanzaste el mensaje: Hay mucha mies
y hacen falta más brazos para recolectar.
Como la mies es mucha,
quiero pedirte que envíes más trabajadores:
que estén bien formados
para la misión,
que traten con amor y sabiduría a todos
los que tienen que guiar
y que sepan buscar a las ovejas
que precisan mayores cuidados.
Como bautizado, Señor,
me siento obligado a la tarea evangelizadora.
Por supuesto que no me encuentro capacitado
para ser el trabajador ideal
que distingue el trigo de la cizaña
y que sabe orientar a todos los descarriados
llevándolos por el camino correcto.
Pero en la medida de mis posibilidades
sé que debo sumarme a la tarea,
aunque esté muy limitado.
No es bueno que me quede cruzado de brazos
viendo cómo se pierde parte de la cosecha.
Recibí la fe gratuitamente
y es mi deber ser apóstol
que predica con su vida.
Ayúdame tú en esta tarea.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)





