Nos cuesta comprender que lo que tenemos son dones, muchos o pocos, que Dios ha puesto en nuestras manos para que los administremos correctamente. No son nuestros en exclusiva, sino que tenemos la obligación moral de contribuir con ellos al bien común. No es justo que veamos pasar ante nuestros ojos las miserias humanas, también espirituales, de los demás sin hacer nada por remediarlo. Al final de los tiempos seremos examinados de amor.

La libertad de los hijos de Dios está en obrar en conciencia, en ser buenos con todos, en no buscar más que el bien de





