No hay ruta alternativa al mensaje del Evangelio que nos transmitió Jesús: amar, amar, amar. A todos, sin excepción. Por supuesto que, a veces, nos cuesta distinguir el amor auténtico. Porque nos empeñamos en aceptar a los que son de nuestra cuerda y en rechazar, con múltiples excusas, a los que se están a distancia de nosotros. A éstos hay que amaros, igual que a aquellos. Aunque no nos guste lo que hacen u opinan. Porque el mandato es bien claro: amar sin excepciones, sin distinguir entre los buenos y los malos. A aquellos, los aprobaremos; a éstos, los soportaremos. Pero a unos y a otros los amaremos si queremos ser discípulos del Señor.

Sin caridad, estamos lejos de lo que Jesús nos pidió que hiciéramos. Cada uno de los cristianos tibios tenemos nuestra parte de responsabilidad en que





![El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod](https://live.staticflickr.com/65535/40879856353_76b94e98d4_o.png)