No se concibe un santo apenado, mustio, sin alegría. Un cristiano nunca ha de estar triste. Porque la fe que profesamos tiene como estandarte a Cristo resucitado, con el que todos resucitaremos en su día. Nuestro Dios es el padre que nos ama, nos comprende y perdona. Un Dios alegre que nos llena de gozo inmenso. Por eso debemos estar siempre alegres.

Foto: J. Serrano “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” V DOMINGO DE CUARESMA (Juan 11, 1-45) Participaba en una





