
Si admitimos nuestra pequeñez, podremos llegar a las más altas cumbres, siempre que contemos con el auxilio del Señor, que está dispuesto a seguir empujándonos con su amor sin límites. Siempre lo hace. Con nuestras propias fuerzas, no llegaremos lejos. Somos débiles, imperfectos, carecemos de coraje suficiente para avanzar. Por eso necesitamos que Dios nos dé fuerzas. No rehuyamos su ayuda, que siempre nos viene muy bien.
![El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod](https://live.staticflickr.com/65535/40879856353_76b94e98d4_o.png)




