El mal sale de lo hondo del corazón de los humanos. Esto hace que a menudo nos sintamos en desasosiego. Por eso es necesario que ni siquiera nos concedamos la más mínima oportunidad para pensar que los demás obran con malicia o son indignos de nuestra amistad. Dejemos de lado todos esos pensamientos que nos llenan de malicia, egoísmo y soberbia. Actuemos con mayor fraternidad con quienes nos rodean.
Tu misericordia, Señor, es infinita. Que sepamos abrirnos a ella. Que nunca dudemos de ti. Que, por muchas caídas que tengamos en nuestras vidas, seamos