Claro que la verdad a veces duele, como cuando nos la aplicamos a nosotros mismos y no coincide con nuestra manera de actuar. Decirla a otros es muy sencillo, pero interiorizarla en nosotros mismos es más difícil. Pero resulta imprescindible si realmente queremos ser consecuentes con lo que decimos creer. Antes de decirle a otros la verdad, tenemos que mirarnos en el espejo para reconocernos cómo somos realmente nosotros.

Estamos obligados, moralmente, a construir un mundo nuevo en el que la riqueza sea distribuida más justamente. Un mundo en el que cada persona tenga





