A menudo se nos llena la boca diciendo que amamos a Dios y a los hermanos para auto convencernos a nosotros mismos de que estamos en el buen camino y que hacemos lo correcto. Pero la realidad es que el amor verdadero no se basa en las palabras ni en las intenciones, sino en los hechos. Y amar de verdad es renunciar a las propias apetencias y a todos los egoísmos. Porque solamente puedo amar de verdad si soy capaz de renunciar a mí mismo para que el ser amado sea feliz, si no busco mis complacencias, sino la felicidad del otro. Como Dios quiere que le amemos en los demás.

Foto: R. Misas «Vende todo lo que tiene y compra el campo» XVII T. ORDINARIO (Mateo 13, 44-52) Un tesoro puede ser una perla que





